A continuación, a modo de ayuda o consejos para llevar una vida más sana y positiva, expondremos ciertas palabras que son muy útiles y que ayudan a reflexionar en cuanto a la propia construcción de una fuerte y prospera existencia.En primer lugar nos gustaría mencionar una frase creada por el pensador y filósofo alemán Friedrich Nietzsche, la cual consiste en: “Quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre un cómo”. Según una interpretación propia, esta frase hace referencia directamente a lo que implica perseguir los sueños y metas, el camino que se recorra para llegar a éstas no es de relevancia o pasa a segundo plano, por así decirlo.
En segundo lugar, pero no menos importante, queremos citar la siguiente frase: “El Hombre no está totalmente condicionado o determinado; él es quien determina si ha de entregarse a las situaciones o hacer frente a ellas. En otras palabras no se limita a existir, sino que siempre decide cuál será su existencia y lo que será el minuto siguiente”, de un modo también personal, interpretamos esta frase como que cada individuo es responsable de sus actos y nadie más que él tiene el derecho de decidir lo que quiere hacer para su vida, en otras palabras, buscar el mejor camino, está en las propias manos. No debemos dejar de mencionar que esta frase fue acuñada por el neurólogo y psiquiatra austriaco Viktor Frankl.
Nos gustaría también mostrar dos lecturas que gustaron muchísimo y que corresponden al autor Jorge Bucay, las cuales llevan por nombre “Quiero” y “El elefante encadenado”, estas se encuentran presentes en el texto “26 cuentos para pensar”.
QUIERO
Quiero que me oigas, sin juzgarme.
Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mi, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy,
hoy podés contar conmigo.
Sin condiciones.
Quiero que me oigas, sin juzgarme.
Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mi, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy,
hoy podés contar conmigo.
Sin condiciones.
Este texto habla respecto a las relaciones interpersonales, ya sean de tipo familiar, de amigos, amorosos, etc. Y cómo debemos llevarlas a cabo de forma madura, sana, y constructiva.
EL ELEFANTE ENCADENADO
Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavadas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.
Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...
Este cuento nos hace reflexionar sobre algo muy importante… la libertad, ¿hemos perdido la esperanza de lograrla?, esa libertad de ser, de actuar, de vivir como queremos, de implantarnos nuestras propias metas, no las de otras personas que han depositado sus sueños en nosotros… piensen si en verdad se han dejado vencer tal como lo hizo el elefante, o acaso ¿no tienen la libertad de hacerlo?


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